Relato: Ada o El origen de las flores

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Sinopsis:

En la habitación de hospital donde se encuentra hospitalizada su hija, Micaela –apodada “Doctora Frankenstein”– deberá reconstruir las piezas del rompecabezas que ha llevado a la adolescente a digitalizar su conciencia. Mientras, trata de desatascar el callejón sin salida en que se encuentra Margulis, el proyecto de simbiogénesis entre planta y humano que parece la última posibilidad de adaptación al mundo post-colapso climático.

Exoesqueletos, investigación, transhumanismo, ritos de paso, bullying y biopunk se unen en esta Climate Fiction que es un canto a la resiliencia.

Escribí este relato para la convocatoria de la antología Visiones 2018, cuando aún no se había publicado el famoso informe del IPCC y el Cambio Climático aún era para mí un temor difuso, apto para entrar como contexto de fondo en una historia de ciencia-ficción, pero aún no una realidad. Al revisarlo para vosotros me he dado cuenta de hasta qué punto la conciencia de que el mundo estaba llegando a un punto de inflexión ya se hallaba agazapada en mi mente, y cuánto de aquel worldbuilding está volviéndose peligrosamente real.

Los exoesqueletos, que a día de hoy ya permiten moverse a los tetrapléjicos, se integran en este relato en el cuerpo atrofiado de las adolescentes de ciudad, convirtiéndose en un icono de moda.

En esa época estaba fascinada por los árboles. Habia escuchado a Stefano Mancuso en una conferencia de Kosmópolis, y estaba leyendo La vida secreta de los árboles de Peter Wohlleben (por cierto, ahora que no nos oye nadie, aún no lo he terminado ;)). Por otro lado, acababa de lanzarme a la escritura con la pasión de los comienzos y no dejaba pasar ninguna oportunidad de presentarme a concurso. La convocatoria de Visiones, aunque atractiva, se alejaba mucho de lo que rondaba por mi mente en ese momento. Los que ya lleváis un tiempo leyéndome os habréis dado cuenta de que la ciencia-ficción no es lo mío. Para colmo, en aquella época tenía una relación ambivalente con la tecnología que terminó viéndose reflejada en el texto. Pero estaba empeñada en presentarme a ese concurso y decidí hibridar mi amor por los árboles y los ritos de paso de la adolescencia con el transhumanismo que se pedía en la convocatoria como eje central. Así nació la idea de una nueva especie híbrida, que guarda similitudes con el bellísimo libro CloroFilia, de Cristina Jurado, a pesar de que lo leí tiempo después de haber escrito el relato. Ese descubrimiento me hizo comprender, con tristeza, que no existe idea que no haya sido ya contada y además, en este caso, con la maestría de Jurado.

El ciclo vital de las flores da nombre a los distintos capítulos del relato.

Documentándome para esta historia descubrí la teoría simbiogenética, que postula que las células son el principal motor evolutivo y pone a la endosimbiosis (proceso en el que un organismo habita el interior de otro) en el centro de la evolución. Descubrí también a Lynn Margulis, científica extraordinariamente creativa que no sólo revolucionó las teorías evolutivas con la simbiogénesis, sino que también profundizó en la hipótesis Gaia (la Tierra como organismo vivo capaz de autorregularse). He querido hacerle un homenaje llamado Margulis al proyecto de Micaela y June, ya que esta historia bebe de las teorías de esta brillante bióloga.

La endosimbiosis explicada para niños.

El bosque primitivo que figura como uno de los elementos centrales del relato no tenía nombre en la versión original de hace dos años. Sólo recientemente, por aquellas serendipias que ocurren, descubrí el bosque de Bialowieza, considerado el último bosque virgen de Europa, y supe que era lo que había estado buscando al inventar esta historia. Sueño con poder visitarlo algún día.

En Bialowiesza podemos ver cómo era Europa hace 9000 años. En él creció Ada, y a él volverá.

Por cierto, descubro al buscar imágenes sobre este bosque que el Gobierno de Polonia estuvo talándolo recientemente para construir una carretera a pesar de la prohibición del Tribunal de Justicia de la UE, y que ha anunciado tener “nuevos planes” para el bosque. Puede que no llegue a tiempo de visitarlo.

“Miro a mi hija, escucho su respiración mecánica. No hay lugar para las flores en esta ciudad marchita.”

Ada o El origen de las flores

A estos ingredientes conscientes se añadieron, por supuesto, aderezos inconscientes: el temor que experimentaba en ese momento, a medida que me reincorporaba a la vida laboral en su vertiente más digitalizada, a desconectarme de mis hijas e ignorar su padecimiento. Y como la ficción no es más que un reflejo distorsionado de la realidad, en este relato New Weird se colaron mis propias experiencias de extrañamiento y alienación al migrar durante la adolescencia a una ciudad, Barcelona, que entonces me era ajena; de soledad,al separarme bruscamente de mis padres; y los años de bullying que se sucedieron, provocados, entre otras cosas, por el hecho de destacar en una escuela que buscaba la uniformidad y la competición descarnada. Yo no intenté volcar mi conciencia en una CPU, pero sí terminé en una habitación de hospital hablando a mis padres de una parte de mi vida que había quedado para ellos en punto ciego.

Este relato es un homenaje a los árboles y su infinita inteligencia, a Lynn Margulis, extraordinaria mujer y científica, con sus ideas revolucionarias, y a la inteligencia organizada que es el planeta del que formamos parte. Pero también es un canto a la resiliencia: a la nuestra, como especie; a la de todos aquellos que son diferentes por su identidad u opción sexual; a las adolescentes que tratan de hacerse un lugar en el darwinismo salvaje de las sociedades digitales. Y sobre todo, es un homenaje a la adolescente dañada que una vez fui, y a mis padres, cuyo dolor y valentía no he llegado a comprender hasta que yo también tuve hijos y comprendí el terror visceral que emana de la posibilidad de perderlos.

Es, en fin, un homenaje a la vida, que se prolonga a través nuestro, y que seguirá haciéndolo a pesar, incluso, de nosotros mismos.

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