Konther creatures

VII. Las amistades peligrosas

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En el capítulo anterior era el momento de conocer algo más de Eileen, pero sobretodo de los Konther. Cuando un jugador recibe un nombre, solo puede hacer una cosa: convertirse en un dios.

Si hay una cosa en el mundo que me llama la atención es la concepción que tenemos de dioses. Que para mí, no se aleja demasiado de los héroes y heroínas de los universos del cómic. Y, por qué no vamos a hablar de uno que me llama la atención en concreto. Un personaje que si no se conoce, es porque no estáis al día de la pantalla de cine.

El joker. Un payaso al que le gustaba molestar a la policia con sus tonterías. Su destino final es la representación del monstruo de piel blanca, pelo verde y sonrisa afilada que solo quiere ver arder el mundo. Cuando compré La broma asesina, leí muchas críticas negativas acerca de las páginas en las que se intercala la vida pasada del Joker – una vida que él mismo confiesa, no recuerda con lucidez -. A mí me pareció acertado y maravilloso.

¿Cuántos villanos son villanos per se? ¿Cuántos son héroes por haber nacido héroes? Vale, Superman nace con el traje puesto, pero se supone que no lo descubre hasta más adelante. Y esas es la palabra: descubrir. Lo que me gusta del Joker es que a medida que más lo veía, más quería descubrirlo. Más quería ahondar en cómo se llega a ser el Joker. Porque de Batman lo sabíamos. Pobre Bruce Wayne. Bueno, pobre no. No es lo mismo llorar en una chavola que en una mansión de Gotham (se tenía que decir y se dijo!).

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En cambio, necesitaba saber qué locura inmoral y persversa llevó a un hombre a no sentir amor por la vida ni respeto alguno por la existencia. Y eso que la de Alan Moore es una de las variables…

Lo mismo me pasa con mis personajes. Cuanto más pienso en ellos, más quiero saber qué les ha pasado en la vida para llegar a entender su historia. Eileen es una jugadora y lo que está en juego no solo era su vida, sino la de los demás. Pero pierde. No ha sido suficiente rápida, no ha sido suficiente lista, no ha sido suficiente fuerte.

¿Qué se puede ganar una vez lo has perdido todo?

Lo que le da su valor a una taza de barro es el espacio vacío que hay entre sus paredes.
Lao Tsé (570 aC-490 aC) Filósofo chino.

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