Relato: Ya llegan los angelitos

Sinopsis:

Cada día mueren niños mexicanos en el periplo de migración a Estados Unidos. A pesar de los peligros siguen intentando, una y otra vez, cruzar la frontera a lomos de La Bestia: el tren que atraviesa México. Pero quizá ese impulso no sea totalmente propio, quizá su muerte no siempre sea de causas naturales. Dicen que la Llorona se lleva a los niños por las noches. Pero, ¿y si lo hiciera de acuerdo a un plan?

Un relato entre el terror y la fantasía oscura donde la Llorona nos cuenta su propia historia, nos desvela su verdadero nombre y celebra, por fin, el regreso de sus angelitos.

Como suele ocurrir, este relato ha ido cambiando de forma. Empezó el verano pasado, cuando escuché las noticias sobre niños atrapados tratando de cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos. Estos niños eran retenidos en enormes jaulas comunitarias y separados –sin que importara la edad– de sus padres, que iban a la cárcel a espera de juicio. Algunas voces comparaban este trato con el dispensado a los estadounidenses de origen nipón durante la Segunda Guerra Mundial. Así, me vino la idea de hacer un relato sobre la vida de uno de estos niños confinados, al que ayuda el fantasma de un niño japonés, y presentarlo a la “Antología Fantasmas” de la editorial Grupo Amanecer.

El relato mutó mientras lo redactaba y el fantasma terminó siendo el de una nativa americana. Duraba el doble de lo que pedía la editorial.

Escribí otro completamente distinto, que afortunadamente fue del gusto de Amanecer, y el de los Niños Perdidos (así se llamaba) quedó en el cajón de los cuentos sin terminar. Pero la idea seguía allí, y las ganas de darle forma, también. Entonces llegó el concurso “Adopta una Monstrua”, de Tinta Púrpura Ediciones. Me enamoré de la propuesta al instante, y el hecho de que una de las monstruas propuestas fuera la Llorona, un fantasma/zombi mexicano que llora por sus hijos muertos o se lleva a los niños, según quién cuente la leyenda, me conectó en seguida con esta historia y disparó mi imaginación.

El pan de Muerto y las calaveritas de azúcar, dulces tradicionales del Día de Muertos, tienen su lugar en el relato.

Quería honrar como se merecía un tema tan serio, y dediqué un mes a documentarme: sobre la ruta migratoria hasta la frontera; la realidad socioeconómica de los migrantes mexicanos, tanto allí como en Estados Unidos; las complejidades de la mitología mexicana y en especial de su Día de Muertos; las costumbres y comidas de México; y por supuesto, sobre la Llorona y sus múltiples facetas. Incluso busqué lectores mexicanos para que revisaran el lenguaje y me señalaran inverosimilitudes.

“–El cuchillo de despiece –accedió al fin Manuel.

–¡Y mi caja de costura! –gritó Guadalupe a sus espaldas–. Con estos remiendos groseros que lleva, el niño se nos caerá a pedazos antes de que hayamos podido salir del pueblo.”

Ya llegan los angelitos.

Cuanto más leía y miraba documentales, más se ampliaba y enriquecía la historia, hasta llegar a ser completamente distinta de la original. Para mí, con mayor capacidad de rendir tributo a la tradición mexicana y al drama de la migración.

En este tramo de la frontera entre México y Estados Unidos sucede la escena final del relato.

Uno de los homenajes es a Olga y Freddy, dos hermanos que aparecen en el documental La Bestia, de Pedro Ultreras. Deben tener unos 8 y 10 años y aparecen muy poco en el largometraje. Cuentan que viajan solos, que quieren llegar a Estados Unidos y que él (Freddy) quiere ser médico. El documental termina haciendo seguimiento de todos sus protagonistas: Olga y Freddy desaparecieron durante la ruta de migración y no lograron recuperar su rastro. Quise dedicarles esta historia y escribir para ellos una segunda oportunidad, si es que no la tuvieron.

Olga y Freddy también viajan a lomos de la Bestia.

En cada uno de los protagonistas están integradas las historias que vi y que leí, tanto en el mencionado documental, como en el bellísimo libro Los Niños Perdidos (sí, se llama igual que el título original de mi historia… sincronicidades que ocurren), de Valeria Luiselli, una mexicana afincada en Estados Unidos que ayuda como intérprete dentro del proceso judicial de los mexicanos capturados ilegalmente. También leí algunos relatos del libro Yo tuve un sueño, de Juan Pablo Villalobos.

En cuanto a la fascinante cultura mexicana, me llamó la atención el paralelismo entre el viaje lleno de viscisitudes que deben atravesar los muertos antes de llegar al Mitclán (su paraíso o tierra prometida), y el periplo migratorio para alcanzar la tierra de las oportunidades que son los Estados Unidos. También me fascinó la celebración de la muerte, por supuesto, y en especial el calendario, meticuloso hasta el detalle, en el que cada día se honra a un tipo de muerto: ahogados, nonatos, muertos en accidente, muertos sin familia que les honre… Hay un día especial para los niños muertos de muerte natural, el Día de los Angelitos. Encontraréis referencias a este calendario en el relato.

Fotografías, juguetes, comida… así se adornan las tumbas de los angelitos en el Día de Muertos. El altar de Luis Ángel podría ser como este.

Para terminar, la investigación sobre la Llorona reveló matices fascinantes, más allá de la más conocida sobre la novia despechada que asesina a sus hijos bastardos (de ahí el vestido de novia desgarrado). Una de las leyendas cuenta que la primera vez que se la vio fue la noche antes de que llegaran los conquistadores españoles. Lloraba y se desgarraba las vestiduras gritando: “Hijos míos, ¿cómo os podré salvar?”. Algunos dicen que desde entonces vaga como alma en pena. Nuestra protagonista, la Llorona, hablará de esto en el relato y nos contará su propia versión de los hechos. Con ella es con quien me he permitido más licencias, ya que quise reinventar el personaje y darle una nueva profundidad, enmarcada dentro de la mitología mexicana, pero que no figura en ninguna de sus leyendas.

“Me llaman la Llorona. No es mi verdadero nombre”

Este relato, que también ha vivido su propio periplo, no entró en la Antología Monstruosas, pero sí logró ser Mención del Jurado en el III Premio Ripley, el último que convoca Triskel Ediciones para una antología, según han anunciado en redes. Hoy, quiero compartirlo con vosotros en esta casa compartida que es Fast Fiction Penny.

En esta ocasión, el diseño de la portada es mío –poco profesional, pero hecho con mucho cariño–, modificando una fotografía libre de derechos cedida por Hipolito Rosas a Pixabay, donde podéis encontrar la imagen original.

Reduje la vivacidad de esta fotografía porque el rosa intenso no suele asociarse terror. La combinación de ternura y horror, de vida y muerte que transmite esta imagen resume, para mí, la esencia del relato.

En este post tenéis, como siempre, el relato en PDF. Y como siempre, lo encontraréis como cuerpo de texto en Wattpad y en versión EPUB y MOBI en Patreon, donde también podéis, si os animáis, invitarnos a una cerveza para que sigamos escribiendo con el entusiasmo que os merecéis.

Si disfrutáis con la lectura, os invito a compartir el relato con quien queráis, a dejarnos un comentario aquí o en nuestras redes sociales, y a echarle un vistazo a mis otros relatos que encontraréis en el Índice.

One thought

  1. De corbata me los ha dejado. Es una historia terrible en más d eun sentido y ninguno bueno, no se si me explico. Madre mia. Me va a llevar lo suyo procesar esta historia.

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