Relato: Sangre de mi sangre

Los pactos con el diablo nunca salen bien.

A Audrey le acaba de cambiar la vida con el nacimiento de su hijo. Su maternidad en solitario discurre paralela a los recuerdos del único encuentro con el padre de la criatura, que ha desaparecido. Markus aparecerá en el momento justo, puesto que él, mejor que nadie, sabe lo que necesita su hijo.

Esta es una historia sobre los límites del amor, si es que los tiene.

Markus parece haber salido de este cuadro de Tohaku

A este relato le tengo especial cariño por varias razones. La primera es que fue Mención de Honor en el II Premio Ripley (y la primera vez que me pasaba algo así). La segunda razón es que está basado en experiencias reales que viví durante mis pospartos, en especial el de mi hija mayor que, por ser el primero, fue el más intenso y enloquecedor. Recuerdo ponerme unos pantalones el lunes y que se me cayeran el domingo, porque adelgazaba sin parar. Recuerdo que mi hija, que nació menuda, engordaba a la misma velocidad a la que yo me consumía. Recuerdo haber pensado, en la locura lúcida que da el agotamiento crónico, que un día no quedaría nada de mí, sólo un montón de ropa en el suelo, que mi hija me habría devorado por completo. Huelga decir que la alimentaba sólo con pecho.

No sabía que tener un hijo era así.  Aquí, en este invierno negro y azul, que parece engullir Estocolmo, que amenaza con arrastrarme al fondo tintado de su alma. 

Sangre de mi sangre

Recuerdo la sensación de que el día y la noche eran la misma bruma difusa, el aislamiento, la ruptura con mi vida anterior, la sensación de que se había alzado una muralla que me separaba de aquellos de mis amigos que no tenían hijos, ni querían tenerlos por el momento. Como Audrey, bailaba de madrugada para calmar a mi hija que no dejaba de llorar (en mi caso, era el reflujo lo que la mortificaba, aunque también tuvo cólicos). Como ella, llegué a preguntarme si una de las dos iba a acabar con la otra.

Pero también había intimidad, una burbuja repleta del amor más grande que jamás he sentido: un amor absoluto, incondicional, capaz de cualquier cosa. Recuerdo días azules y grises, cierto, pero hubo muchos dorados y rosas, centelleantes. No había nada en el mundo más hermoso que mi hija, y no comprendía cómo había podido existir sin ella.

Olivia recién nacida: pura luz.

De estos claroscuros, llevados al extremo, trata esta historia.

La ambientación en Estocolmo está inspirada en tres viajes a Suecia que realicé hace muchos años, antes de tener hijos –¿tendrá eso algo que ver?–. Fueron viajes muy felices, dos de ellos en el verano sueco, vital y de días interminables, y uno en el invierno de luces azuladas y noche infinita.

Dos caras de una misma ciudad. Estocolmo en invierno…
… y en primavera.

Yo estuve en Bern –la discoteca– de madrugada, y paseé por Södermalm. Vi la energía incombustible de los escandinavos cuando salía el sol. Pero también estuve en un pueblo en la campiña sueca, en pleno invierno, donde sólo había nieve y hombres tan altos que casi tocaban las lámparas del techo. De ellos surge Markus, que es la encarnación del frío y la belleza mortal de estas tierras nórdicas.

Me zambullí en el lago helado de sus ojos y brindé con él, sellando un pacto antiguo que jamás llegaría a comprender del todo. 

Sangre de mi sangre

Para terminar quiero enseñaros la preciosa portada que ha hecho Gemartínez, retratando con maestría el conflicto interno de la protagonista. Para mí es un honor que este relato esté precedido por un dibujo suyo.

Aquí podeís descargar el relato en PDF. Recordad que también lo podéis leer en Wattpad, y en nuestra página de Patreon encontraréis gratuitamente las versiones MOBI y EPUB. Y a lo mejor hasta podéis invitarnos a un café para que podamos seguir escribiendo a vuestra salud 😉

One thought

  1. De corbata. Ese giro final no lo esperaba ni de coña. Me los ha dejado de corbata. Habla de una cosa y de repente… ZAS. Y sin dejar el tema del que habla al principio.

    Bravisimo

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